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Opinión: Erin Hills cumplió

Terminó el segundo major del año donde Brooks Koepka fue, claramente, el mejor jugador.

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Getty Images

Terminó el segundo major del año y Brooks Koepka se llevó el triunfo en el 117 U.S. Open en Erin Hills.

Fue una semana de muchos récords, entre ellos la vuelta más baja (contra el par) en la historia del campeonato, cortesía de Justin Thomas el sábado. Asimismo, hubo otros cuatro jugadores que firmaron vueltas de 65 golpes, algo inédito en el historial del abierto norteamericano.

El score final (-16) por parte de Koepka también empató lo realizado por Rory McIlroy en Congressional en 2011, salvo por el hecho de que McIlroy lo hizo en una cancha par 71, por lo que el acumulado de golpes más bajo en el U.S. Open sigue perteneciéndole al norirlandés (268 vs 272 de Koepka).

Sin embargo, el segundo torneo mayor del año no estuvo exento de polémica. Al comienzo de la semana, Kevin Na mostraba en redes sociales la altura del rough y vaticinaba un desastre para los profesionales y aficionados. Rory salió al paso diciendo que si los mejores del mundo no podían apuntar un fairway de 50 yardas entonces mejor que se fueran para la casa. Irónicamente, Na superó el corte, mientras que el número dos del mundo no compitió el fin de semana.

Las discusiones en torno a la cancha se siguieron entablando a lo largo de la semana. Muchos alegando que era una cancha muy fácil para ser U.S. Open y que cómo era posible que tantos jugadores llegaran a los dos dígitos bajo el par. El sentimiento de muchos era que se estaba perdiendo el espíritu del torneo más importante de Estados Unidos.

Mi opinión es diferente sobre este altercado. Primero hay que tener en cuenta los factores que fueron determinantes en la preparación de la cancha y su resultado final. La USGA venía de organizar dos U.S. Open tremendamente polémicos: en 2015 en Chambers Bay, la cancha realmente no fue del gusto de nadie, mientras que en Oakmont 2016, todos pudimos ver el incidente de reglas en la vuelta final de Dustin Johnson. Este año, el ente rector del golf americano no podía darse ese lujo (sobre todo en medio de la potente campaña de modernizar el juego y hacerlo más rápido).

Para mi gusto Erin Hills cumplió. No fue la cancha que todos esperaban de un U.S Open, donde todos los jugadores terminan con la confianza en el suelo luego de terminar la semana con scores muy sobre el par, pero sí se mostró como una cancha justa. Y esta última parte es la clave.

El campo de Wisconsin tenía fairways anchísimos, greens no tan rápidos (pero sí bien ondulados) y un rough de festuca muy castigador si se fallaba la salida. En el fondo, Erin Hills separó a los que jugaron bien de los que jugaron mal. Y esa debiese ser la mayor prueba.

Brooks Koepka fue el que mejor jugó y las estadísticas lo avalan:

  • Jugó las cuatro vueltas bajo el par (tres bajo los 70)
  • Fue 4to en fairways acertados con un 88% (49 de 56)
  • Fue 1ero en greens en regulación con 86 % (62 de 72)
  • Fue 7mo en distancia desde el tee con 322 yardas de promedio
  • Fue 51 en número de putts con 123

Otro factor que hay que tener en cuenta es el clima. Fue una semana donde llovió mucho y la cancha se presentó mucho más benigna. Recién el domingo en la mañana pudimos ver lo que podría haber causado el viento si es que éste hubiese sido un poco más protagonista y si los fairways y greens no hubiesen estado tan receptivos. Seguramente los scores habrían sido más altos y la discusión en torno a la dificultad que debiese haber tenido este evento no habría sido tal.

A mi parecer fue un U.S. Open muy entretenido. Hubo muchos jugadores con opciones al título y estuvo peleado hasta el hoyo 13 de la última vuelta el domingo. La cancha fue una pesadilla para quienes no jugaron bien y recompensó con creces a quienes estuvieron finos.

Me gustó Erin Hills y espero que se mantenga dentro de la rotación de la USGA para alojar este torneo. La cancha tiene muchísimo potencial y sería muy entretenido ver a los profesionales jugando con un clima inclemente los cuatro días. Creo que no habrían llegado al 10 bajo par.

Para mí, Erin Hills cumplió.