Hoyo 19 Edición Impresa

Full swing con “Mito” Pereira (Parte 1)

Desde nuestra edición impresa de abril, les dejamos la primera parte de una entretenida entrevista con el joven profesional chileno.

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Producción fotográfica Guillermo Pereira, desarrollada el 15 de marzo del 2017 en el Club de Polo y Equitación San Cristóbal, Vitacura, Santiago de Chile (Rodrigo Soto)

Guillermo “Mito” Pereira no es un hombre de muchas palabras. Es más bien introvertido y prefiere dar que hablar por su rendimiento en la cancha de golf. Cuando nos reunimos a conversar con él y ya habíamos terminado la entrevista nos confesó que “no sé cómo lo hicieron, soy súper malo para hablar”. El secreto fue ir de a poco, haciendo que entrara en confianza. Pasó la entrevista y entre todos nos dimos cuenta de la gran cantidad de información que nos había entregado. En una edición especial de My Shot, quisimos dejar la mayor cantidad de historias contadas por “Mito” en, quizás, la entrevista más extensa que ha dado en su corta carrera. – Con Juan Pablo Álvarez


Siempre el objetivo fue clasificar (al Web.com Tour) en la primera temporada del PGA Tour Latinoamérica, pero no voy a mentir, igual lo veía lejano. Partí muy bien el año y eso me ayudó mucho, ya que en los primeros campeonatos sumé casi 20.000 dólares y después tuve un bajón (nada muy importante), para luego rematar de forma increíble. De hecho gané un torneo y la verdad fue bastante inesperado terminar, sobre todo, tercero. Fue un tremendo resultado para mi primer año en el tour.

Antes de hacerme profesional no tenía muy claro cómo era el nivel del PGA Tour Latinoamérica. En octubre del 2015 me hice profesional y pude jugar cinco campeonatos del circuito y me ayudó mucho para llegar más preparado. No sabía que era tan competitivo. Es mucho más difícil de lo que se ve. Además, sólo pasan cinco en 20 campeonatos al año.

No tenía mayores preocupaciones antes de empezar el circuito. Me veía con 20 años partiendo una carrera profesional y no hay tanta expectativa. Quería aprender. A medida que pasó el tiempo, naturalmente, las expectativas fueron aumentando y hacia el final ésta era quedar primero, no sólo jugar.

El segundo torneo del año (en el PGA Tour L.A.) me equivoqué comprando el pasaje. Iba a Panamá, compré el pasaje un domingo y el torneo partía el jueves. Era el típico vuelo de noche y llegué al aeropuerto a las una de la mañana, voy al counter, me piden el pasaporte y me dicen que no puedo viajar. No me quedaban tres meses de pasaporte vigente y no tenía idea. Al día siguiente fui a la embajada volando, me dieron el pasaporte el martes, llegué el miércoles y jugué el jueves. Jugué sólo nueve hoyos de vuelta de práctica el miércoles en la tarde. No pasé el corte por un palo eso sí, jajá.

Por suerte todavía no he tenido problemas con el equipaje. Nunca se me han perdido los palos, sólo me han llegado tarde. Pero a muchas personas les pasa que se les pierde todo. Lo que más me ha pasado es que me he equivocado en comprar pasajes. Creo que dos veces. Es difícil, uno se empieza a enredar. Parece que necesito un manager, jajá.

Durante la temporada dentro de Latinoamérica compraba los pasajes antes de salir a viajar. Este año en el Web.com ha sido un poco más difícil, porque, por ejemplo, en enero había dos torneos en los que se supone que no entraba. El torneo partía el domingo y yo el martes antes me di cuenta que iba a jugar. Tuve que comprar el pasaje el miércoles.

Nunca en mi vida había jugado con tanto viento como en Bahamas. Nunca. Ver la bandera casi en el suelo, doblada, es algo impresionante. De hecho, los greens no los podían poner rápido o sino la pelota se iba. Había un hoyo (un par 3) que uno de los días estaba jugando 86 yardas y pegué fierro 6. El hoyo iba un poco hacia abajo entonces no podíamos sacar la pelota muy baja, entonces si la pelota salía muy alta se iba. El primer día, en ese mismo hoyo, tenía 100 yardas y pegué fierro 8 y quedé como 30 yardas corto (risas). Lo del viento fue esa semana en particular, porque cuando llegamos a los días de práctica estaba perfecto para jugar. La cancha ya era difícil de por sí, y cuando nos dijeron que podía salir el viento realmente estaba casi injugable. Hubo un jugador que no bajó los 90 en los dos primeros días. En verdad, si uno llegaba jugando regular, era fácil hacer esos scores. Yo hice 80 un día y no jugué tan mal, es el mejor 80 que he hecho.

En el “Web” estoy viajando generalmente con el español Samuel del Val. Pero también nos conocemos bien con los argentinos Augusto Núñez y Puma Domínguez, quienes también quedaron entre los cinco de Latinoamérica. A medida que uno va jugando, vas conociendo a más jugadores y se van generando las relaciones. Hay buena onda.

En el PGA Tour Latinoamérica es como una gran banda. Pero se llega al “Web” y no es tan así. Obviamente uno anda con por lo menos una persona para compartir gastos. No hay tanta camaradería como en Latinoamérica. Creo que hay dos cosas, la sangre latina que es más amigable y también creo que en el Web.com son más profesionales. Son más dedicados.

Se nota que en el Web.com son más profesionales que en el PGA Tour Latinoamérica. En Latinoamérica se ven, por ejemplo, 20 jugadores que son más “serios” y en el Web.com son todos así. Son más profesionales porque uno los ve todo el día practicando, anotan bien cada detalle, uno llega a las cinco de la mañana al club y ya hay gente. La organización del Web.com también es mejor. Uno puede compararlo con lo que pasó en Chile también. Entre El Chile Classic y el Abierto de Chile del PGA Tour L.A. hay mucha diferencia en cuanto a la organización y la cantidad de gente que va a ver el torneo.

En el Web.com el nivel es muy alto. Todos tienen esa “hambre” de llegar al PGA Tour. Pero creo que no es imposible ganar. No están a dos años luz de nosotros, si uno juega bien, se puede estar arriba. La cosa es que es tanta la competencia que uno siente la presión de jugar bien todo el rato. Si uno juega un día mal, ya estás medio fuera del torneo.

Me tocó jugar con Len Mattice que perdió el playoff del Masters hace varios años. También me ha pasado estar en vueltas de práctica y llega un jugador diciendo “hola, este es mi amigo, ¿podemos jugar con ustedes?”, en la mitad de los nueve hoyos me meto a la aplicación del tour para ver con quién estoy jugando y de repente aparece que ha jugado en el PGA Tour y tiene acumulados ocho millones de dólares jajá.

Me quedan sólo dos torneos asegurados para jugar en el Web.com, que son en República Dominicana y en México. Ya se hizo el primer reordenamiento y tengo que jugar bien esos campeonatos para subir en el reordenamiento que viene de ahí. Para quedar bien en los “reshuffles” hay que ganar más o menos cinco mil dólares cada cuatro campeonatos. Pero eso es para seguir jugando. Piensa que el último del corte son como 1.500 dólares. Yo hasta el momento, he salido cercano al 40 y al 60 y llevo poco más de 3.000 dólares.

Por ahora, he jugado cuatro torneos. Pasé dos cortes y fallé dos. Uno lo fallé por un palo. No creo que pasar los cortes sea imposible, simplemente no he jugado tan bien las veces que fallé. No he jugado todavía el golf que jugué el año pasado en el PGA Tour Latinoamérica. Por eso creo que no es imposible. Si juego como lo hice cuando gané en Uruguay, es imposible que no esté arriba peleando el torneo. Me ha pasado que no he estado pegando tan bien el driver y en canchas más largas y con menos espacios no hay mucho que hacer si uno juega mal ese palo. Creo que simplemente hay que agarrar más confianza y ritmo.

Salí tercero en el PGA Tour Latinoamérica y eso me aseguró cuatro torneos en el Web.com Tour. Me pasó que hay un par de jugadores a los que les gané durante todo el año pasado y que tienen mejor estatus que yo porque les fue bien en la “Qualy”. Hace dos años, cuando estaba el Chile Classic, los torneos asegurados para los cinco mejores de Latinoamérica eran siete. Pero se bajó el torneo en Chile, en Brasil y uno en Colombia. Siete campeonatos ya es bueno, porque si uno sale del puesto 11 al 45 en la Q-School te aseguras ocho torneos. Dentro del Web.com, si consigo un top-10 me aseguro jugar todo el año. Es difícil el sistema, porque jugar asegurados sólo cuatro torneos en un circuito nuevo es complejo. Si fuera por mí, creo que deberían ser siete torneos los que reciben del segundo al quinto de la orden de mérito. Ahora, lo bueno de todo esto, es que si quedas dentro de los 10 primeros del PGA Tour L.A. uno entra a la última etapa del Q-School del “Web”. Al final, en vez de pensar tanto en eso, hay que concentrarse en jugar bien. Si uno hace eso, no deberías tener problemas.

Mis expectativas para este año en el Web.com son las mismas que el año pasado en el PGA Tour Latinoamérica. Si quedo entre los 25 mejores bien, si mantengo la tarjeta bien y si no la mantengo, bien también. Volvería al PGA Tour L.A. y no me iría a Europa porque quiero jugar el PGA Tour. No es que no se pueda llegar por Europa, pero quiero pasar por la experiencia del Web.com porque es mucho más parecido a jugar después en el PGA Tour.

Es más difícil de lo que uno piensa hacerse profesional, en el sentido que no es llegar y ganar plata de forma fácil. Si empiezas a pensar en el dinero no vas a llegar a ningún lado, creo que es más el compromiso que uno tiene con el deporte. No puedes hacer lo mismo como profesional que como aficionado. Ahora, siendo profesional, siento el compromiso de querer mejorar cada día y ya viajando uno se da cuenta que cada vez hay que practicar más, porque uno mira para el lado y están todos practicando todo el día.

Para desconectarme del golf, salgo a comer con amigos. Uno igual hace amigos en el tour y están en la misma situación que uno. Los lunes o martes son días más relajados, uno va a practicar y después se puede salir a conocer, porque uno va a países a los que no se viaja normalmente. Creo que los países de Latinoamérica son más entretenidos en el circuito, porque además de que uno está más conectado con la historia de esos países. En Guatemala, por ejemplo, visitamos la selva, las ruinas y es impresionante. En ese sentido, el PGA Tour Latinoamérica es muy entretenido. Pero ojalá no volvamos a ese tour, ir a Machu Picchu sólo de vacaciones, jajá.

Hice una clínica de golf en Panamá. Era para niños y uno se da cuenta que ellos se impresionan realmente cuando uno, por ejemplo, pega un drive. Es entretenido intentar enseñarles a ellos cómo es el golf. Lo de las clínicas es así, a uno le preguntan, “¿puedes hacer una clínica?”, pero en verdad más que una pregunta es “haz la clínica”. Pero es parte de este mundo y hay que hacerlo.

En un pro-am en Argentina estaba jugando Carlos Tévez. Yo era la salida 1A y el grupo de Tévez era la 1B (Tévez, Fabián Gómez y alguien más). Yo llegué al tee y estaba lleno de gente y no estaba ninguno de mis compañeros de juego. Ya era la hora de jugar, entonces me paré para pegarle y toda la gente se estaba preguntando “¿quién es este?” (Risas). Me paro, le pego y después empiezo a preguntar con quién tenía que jugar, porque no había nadie, y de repente empiezan a salir de entre medio de la gente, súper asustados jajá.

No tengo ansiedad o susto en la cancha. Hay presión pero es una que va más por el lado de querer jugar bien. Creo que todos necesitamos un poco de nervios o adrenalina para jugar bien. Hay que sentir lo que uno está haciendo. Si en verdad te da lo mismo todo, no sé si es lo mejor.

No sólo en el golf tengo una personalidad poco expresiva. Creo que todo partió por el golf, desde muy niño jugaba y no había que tirar o romper los palos. Uno aprende a contenerse las emociones. En todo caso no son todos así, en los dos circuitos que he jugado he visto a jugadores portándose mal en la cancha. Aunque si uno lo ve en detalle, los jugadores buenos no son así. Ellos ponen el pecho a las balas y siguen adelante. Es difícil, pero hay que hacerlo. Pongámoslo de la siguiente forma, ¿cuántos campeonatos juega un profesional en la vida? Digamos 600 torneos por decir un número. Yo creo que de cada torneo se puede aprender algo, aunque vengas para hacer mil palos, da lo mismo, en la vuelta uno puede encontrar algo que te ayuda para el día siguiente o el próximo torneo. Creo que es importante no botar ninguna vuelta, eso intento hacer yo. De las cosas que más se aprenden es a estar concentrado todo el tiempo, porque si uno no las juega de esa forma, uno se va acostumbrando. Igual que en la práctica, si uno practica displicentemente, así vas a jugar en la cancha. Hay que armar el hábito de estar metido al 100 por ciento.

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