Hoyo 19 Columnas

Sergio García se reconcilió en Augusta con el público estadounidense

La tensa relación que ha tenido el español con el público norteamericano parece haber quedado en el pasado luego del histórico triunfo que consiguió en el reciente Masters.

Compartir
The Masters - Final Round
Sergio García (Rob Carr/Getty Images)

Algo especial sucedió con Sergio García esta semana. Algo grande: su primer major. Pero más allá del triunfo, y con los ánimos más calmados que conceden las horas posteriores al acaloramiento de la definición, conclusiones positivas comienzan a ver la luz.

Hasta ayer, García no era el jugador más querido en territorio estadounidense. Innumerables sucesos en la cancha, y fuera de ésta, produjeron una silenciosa tensión entre el público americano y el golfista durante toda su carrera. Basta recordar lo que pasó en el U.S. Open del 2013, cuando enfrentó la ira del público por sus comentarios acerca de Tiger Woods, sus constantes rabietas durante competencias en suelo americano, o cuando en 2007, en un nuevo arranque de ira, escupió la taza del hoyo 13 en el WGC-CA Championship Championship.

Hay tantos pasajes como estos en su carrera que no vale la pena mencionar en este momento. Quizás porque lo que quedó demostrado ayer fue que “El Niño”, ya no es más un niño. El actual campeón del Masters cobró una larga deuda que se le debía a su carrera, y de paso se ganó el cariño de un público que muchas veces lo enfrentó.

La forma más gráfica para sostener esta afirmación es lo que sucedió en los segundos nueve hoyos en la vuelta final del pasado Masters.  El bogey en el 10 y 11, y los problemas que enfrentó hasta su cuarto golpe en el 13, presagiaban un nuevo fracaso del español en torneos del Grand Slam.

Pero llegó ese cuarto golpe, uno muy especial. Con él salvó un histórico par que le devolvió el alma al cuerpo, metió más tarde un eagle de antología en el 15 y el público, volcado a su favor, lo ovacionó como diciendo: “esto no puede pasar de nuevo, Sergio se lo merece”.

La historia ya es conocida, y los aplausos provenientes de los miles de espectadores que rodearon el green del 18 recibieron con aprobación al campeón en el hoyo de definición.

La correctísima actitud de su oponente, Justin Rose, confirmaron el giro que dieron los espectadores en el icónico Masters de Augusta. La nobleza del inglés quedó expresada en el constante apoyo que le brindó (lo hicieron mutuamente) durante la caminata por la cancha. Se sentía como si Rose, en alguna parte de su corazón, también deseara que el español lograra el triunfo.

Ahora García tiene 37 años, cuenta con un major en su carrera y se prepara para formalizar la relación con su novia, Angela Akins, a quien se le ha atribuído la entrega de una inyección positiva para dar un vuelco en su discutible actitud.

Puede ser éste el momento en que Sergio García deje de ser “El Niño” que vimos crecer. Ya es un hombre, un campeón de major y uno de los mejores jugadores que han existido en los últimos 20 años. Su deuda con los majors se ha pagado, ahora falta que él pague la suya con el público que lo siguió durante toda su carrera.

Augusta National le abrió la puerta al español, ahora sólo tiene que entrar.