Hoyo 19 Columnas

Los golfistas también son humanos

Muchas veces el rendimiento está determinado por situaciones que no siempre están a la vista.

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(Matt Hazlett/Getty Images)

Que los golfistas sean humanos puede parecer una afirmación majadera, pero lo cierto es que a veces uno tiende a olvidar que los astros del golf mundial tienen problemas como tú o como yo.

La semana pasada, durante el WGC Dell Technologies Match Play, Jason Day y Gary Woodland se retiraron del evento citando razones personales.

Day, en su calidad de estrella, no quiso que se especulara respecto a sus más recientes lesiones y en una emotiva conferencia de prensa admitió que no podía seguir jugando ya que su madre había sido diagnosticada con cáncer y no tenía la cabeza en el juego.

Una razón absolutamente comprensible y, de paso, una estrategia comunicacional brillante por parte del australiano.

Ayer, Woodland declaró la razón por la cual él abandonó. Resulta que su señora, que está esperando gemelos, tuvo unas complicaciones en el embarazo y perdió a uno de los dos bebés.

En el 2015, Marc Leishman, reciente campeón en Bay Hill, también habló de la extraña y peligrosa enfermedad que dejó pendiendo de un hilo la vida de su esposa y cómo no podía concentrarse en jugar.

Es difícil. El golf tiene un componente de concentración mental absolutamente determinante en el rendimiento del jugador. Es un deporte individual, solitario, donde no se tiene a compañeros de equipo para alivianar la carga y poder conseguir un buen resultado a pesar de no estar totalmente enfocado en la actividad.

Es tan vital la concentración y la mente en el golf, que es común escuchar que el deporte se compone en un 20% técnica y 80% cabeza. Si hay problemas dentro o fuera de la cancha, el común y silvestre de los mortales no logrará rendir.

Otro caso ejemplificatorio es el de Tiger Woods. Uno puede justificar en las lesiones todos los problemas que tiene, actualmente, Woods. Sin embargo, recordemos que el último major que ganó Tiger, el U.S. Open en Torrey Pines el 2008 fue con la pierna izquierda destruida.

¿Cuándo empezó realmente la debacle de Tiger? Cuando salió a la luz el escándalo sexual que conmocionó al planeta golf. Es verdad que el 2013 fue un gran año para el otrora número uno del mundo, sin embargo, pareció ser más un paréntesis en lo que han sido siete años de malos ratos.

Los golfistas también son humanos. Cuesta reconocerlo cuando están batiendo récords y experimentando una vida de lujo. Pero los problemas de la vida nos afectan a todos, sin excepción.

Sólo bastó ver la cara de sufrimiento y la angustia de Day para poder empatizar emocionalmente con su situación.

Los golfistas son estrellas, ganan tremendas cantidades de dinero, viven del deporte y pasan muchos años recorriendo el mundo. Pero no lo olvidemos, al final del día, ellos también son humanos.