Hoyo 19 Columnas

Golf universitario en Chile, difícil pero no imposible

El aficionado José Tomás Vargas nos cuenta en esta columna su experiencia de practicar golf y estudiar en Chile.

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José Tomás Vargas
José Tomás Vargas (Rodrigo Soto/Golf Digest Chile)

Tenía 13 años el día que me integré a Golf Action y llevaba una semana sin poder dormir por los nervios que esta nueva etapa deportiva me iba ofrecer. Fue en esa época cuando enfrenté el primer torneo fuera de mi casa, el Club de Golf  Sport Francés.

Estaba parado en el tee del hoyo uno del Club de Golf Cachagua. Nunca supe hasta hoy, 10 años después, lo que esa aventura de subirme a un bus con “Paquico” Lyon me depararía hasta ahora.

Desde ese momento pasaron varios años y millones de aventuras fueron surgiendo. Conocí las mejores canchas de golf de Chile, conocí a los que hoy día son mis mejores amigos y conocí a la persona que soy hoy.

Ya con 17 años empezaron a surgir ciertas interrogantes un poco más importantes con respecto a mi futuro y mi deporte amado. Una de estas era, “¿voy a estudiar a Estados Unidos y hacerme profesional o voy a estudiar una carrera en Chile y el golf lo dejo en segundo plano?”

En ese minuto comencé a analizar mis posibilidades y a tratar de poner mis prioridades en primer lugar.

Luego de mucho meditar la situación, decidí estudiar en Chile una carrera que toda mi vida me apasionó. Elegí entrar a estudiar arquitectura, lo que por cierto es una especie de suicidio golfístico, por que como algunos sabrán, no es una carrera en la cual uno duerma lo suficiente.

Pero yo estaba enamorado de esta carrera y estaba enamorado del golf.

Es ahí donde decidí comenzar esta aventura universitaria y deportiva en Chile, un país donde estas realidades son poco compatibles. Pero la verdad es que me di cuenta de un concepto que me quedo prácticamente tatuado en la frente en mi época escolar, y es la vocación. Y mi vocación es la arquitectura y el golf. Amo mis dos hobbies “serios”, como suelo llamarlos.

Hoy, olfateando mi título profesional, me he dado cuenta que el golf ha sido la mejor decisión de mi vida. Creo hablar también por otros casos de golfistas amateurs más grandes que yo que tomaron la misma decisión de quedarse en el país para sacar la carrera que ellos eligieron y además seguir practicando su deporte.

Para mí es un privilegio poder escribir esta experiencia y tratar de destruir el mito de que el golf universitario en Chile es imposible. Imposible sería hacerlo si uno no tiene la suerte de amar las cosas que hace. O de poder apegarse a una misión o desafío para forjar un futuro. Creo que haberme quedado acá fue una muy buena, o una muy mala decisión, depende de cómo se mire.

El tema es que ninguna de las dos opciones era la decisión incorrecta. La mala decisión habría sido no hacer las cosas con cariño y madurez.