Hoyo 19 Entrevistas

Entrevista a Roy Mackenzie: El primero de su especie

Fue uno de los primeros chilenos en incursionar en circuitos en el extranjero. Desde sus inicios en el deporte -en el Prince of Wales Country Club- hasta hoy, no concibe su vida lejos del golf. A sus 48 años de edad, Roy Mackenzie hace un balance de su carrera golfística y el estado del deporte a nivel nacional y mundial.

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Roy Mackenzie (Rodrigo Soto/Golf Digest Chile)

Es el primer día del British Open. Vestido de manera impecable y mirando a uno de los televisores del bar del Prince of Wales Country Club, Roy Mackenzie no se desconecta en ningún momento de su gran pasión de toda la vida: el golf. “¡Recién me integro a las transmisiones!”, nos dice. Nos sentamos en una esquina del bar y pedimos café.

“Vamos a grabar la conversación, ¿te molesta?”, preguntamos. Suelta una nerviosa sonrisa y accede. Al ganador de más de 40 torneos en Chile y el extranjero como profesional nunca se le vio muy cómodo en las entrevistas, al contrario de los muchos momentos en que se transformó en una máquina que no cometía errores y que parecía imbatible al momento de pelear un título.

Un swing prolijo y envidiable, junto a su olfato estratégico, hicieron de Mackenzie uno de los personajes más importantes en la historia del golf nacional. Esta es la conversación que tuvo con Golf Digest Chile.

¿Cómo y cuándo comenzaste a jugar golf?

Mi papá me trajo al golf. La edad exacta no la sé, porque no tengo memoria de lo que hice a los 4, 5 o 6 años. Pero, por lo que me dicen, fue a esa edad. En ese tiempo vivíamos en una calle que quedaba cerca de la Plaza del Hoyo en Nueva Costanera. Con mi papá jugábamos todos los fines de semana. Yo era el único hijo hombre, súper regalón de mi papá. Me iba al club con él a las 07:30 de la mañana. Al principio caminaba con él. De repente pedí prestado un palo y de un momento a otro, las pelotas comenzaron a pasar por arriba de ellos y ahí me empecé a enchufar de a poco. Cuando comencé a jugar mucho fue cuando nos cambiamos de casa al lado del Country (PWCC). Ahí jugábamos de lunes a lunes. Debo haber tenido unos 10 años de edad. Mis inicios fueron en el Country y siempre he jugado aquí.

¿Cómo compatibilizaste el golf con tus estudio en el The Grange School?

El colegio no me dio mucho espacio en esa época. En el Grange -y supongo que todavía es así-, si tú tienes aptitudes en un deporte, es casi una obligación practicarlo. Para que me dejaran tranquilo, yo jugaba fútbol, o rugby, que no me gustaba tanto. Como a las cuatro de la tarde, yo llegaba del colegio, me sacaba los zapatos, me cambiaba de polera y me iba a entrenar hasta que se oscureciera. Después llegaba a mi casa, me duchaba y jugaba con el putter en uno de los pasillos largos que teníamos. Después comíamos, como a las ocho, y si tenía prueba al otro día, me levantaba a las cinco de la mañana a estudiar. Esto lo hice desde los 11 o 12 años. Jugábamos también todos los fines de semana con Felipe Alcaíno, Hernán Etchebarne y Jan Vermeij, a las 11 de la mañana. Con Jan nos juntábamos a las siete y media, jugábamos nueve hoyos con mi viejo y aprovechábamos de sacarle un desayuno en la pasada, y después practicábamos un rato para esperar a Felipe y Hernán para jugar 18 hoyos, y más tarde jugábamos 9 más.

Ganaste 16 torneos como aficionado, ¿qué crees que te entregó el golf como amateur?

A partir de los 14 años, yo no tenía otra cosa en mente que jugar golf profesionalmente. En esa época no existía la tecnología y las comunicaciones que hay ahora, y lo único que uno podía ver era una revista de golf. Mi viejo me suscribió a la Golf Digest y ese era el único contacto que yo tenía con el golf fuera de lo que era el Country. Era tanto lo que me gustaba, que no tenía ganas de hacer ninguna otra cosa más que jugar golf. Muchas veces mi papá me cuenta que no se conversó conmigo sobre qué iba a estudiar, ni si me interesaba entrar a la 14ª Compañía de Bomberos, que era un tema familiar, porque la respuesta a esa pregunta él la sabía. Luego decidí irme a Estado Unidos a estudiar, lo que fue muy duro para mis papás, porque en esa época nadie lo había hecho. Fue un dolor muy grande para ellos. Después, en la Universidad, siempre tuve una batalla interna acerca de qué me satisfacía más: sacarme una buena nota o jugar bien golf. Esa batalla interna finalmente te juega un poco en contra. Si te empieza a ir mal en el golf, dices: no importa, total me pongo a trabajar. Pero yo creo que para que te vaya bien en un deporte, o en algo en la vida, tienes que enfocarte en eso. No creo que sea bueno tener siempre un plan B.

Estudiaste en Texas A&M University. ¿Cómo llegaste ahí y qué importancia tuvo en tu carrera profesional y como golfista?

Yo empecé a buscar universidades en una guía de teléfonos que existía en ese entonces. Teníamos como referencia a unas hijas de un amigo de mi papá que las habían enviado a todas a estudiar a Estados Unidos. Debo haber mandado unos 50 sobres a Estados Unidos y lo más divertido es que muchas universidades me ofrecieron becas por el fútbol y no por el golf, porque el fútbol en esa época estaba recién partiendo en Estados Unidos y lo único que querían era latinos jugando fútbol. El primer acercamiento se produjo, creo, cuando yo estaba en 4º medio. Fui a jugar con Jota (Juan Pablo Velasco) un torneo en Quito que se llamaba Hispanoamericano. Todos los países de habla hispana estaban ahí. En ese torneo, el día domingo, me tocó jugar con México y uno de esos jugadores, Jorge, era alumno en Texas A&M. Ese día hice 6 birdies y a los dos días me llamó el coach de la universidad. Yo había enviado mis antecedentes, pero no me pescaron mucho. Me dijo que había jugado con Jorge y que le había dicho que no podía no traer a este jugador a la universidad. A fines de ese año jugué el Orange Bowl, perdí por un palo y me llegaron otras ofertas, pero la decisión de quedarme en Texas ya estaba tomada, porque mi papá quería que me quedara en una universidad más tradicional. La universidad fue una época de mucha soledad. Fui tres años el número uno del equipo. No había chilenos ahí y los más cercanos que tuve fueron Cristián León y Juan Carlos Cortés, en New Mexico, pero nunca los vi. En esa época no era tan fácil comunicarse y llamar por teléfono era muy costoso. Yo jamás pensé en quedarme en Estados Unidos. Para ponerte un ejemplo, cuando yo tenía que volver a Chile preparaba mi maleta dos semanas antes. Pero era lo que yo elegí. Soy un tipo muy comprometido con lo que hago, y había que terminar lo que había comenzado.

Jugaste 5 veces Copa Los Andes, ¿qué importancia le das a este torneo?

Yo no sé lo que se juega hoy. Lo que sí sé es que a mí siempre me ha gustado jugar por mi país. Ese formato es un formato muy entretenido. Era un torneo donde tenía que haber un espíritu de equipo grande y que se prolongaba por 6 días. Yo recuerdo que en esa época estaba en Estados Unidos y jugar Copa Los Andes era como jugar en Chile. Recuerdo que una vez finalizado el campeonato, cuando tenía que regresar, era una tremenda depresión.

Ganaste como profesional por primera vez en 1990, y luego durante 20 años obtuviste más de 40 títulos. ¿Cuál crees tú que fue el peak de tu carrera y cuáles fueron los momentos más duros?

Mi primer campeonato como profesional fue en el Country y salí cuarto. Jugué el último día con Carlos Franco y Jorge Soto. Yo te diría que el momento peak de mi carrera fue cuando clasifiqué en el Challenge Tour de Europa. Fui a clasificar a Francia, en donde había jugado mucho. Tenía unas 200 libras de diferencia por sobre un jugador inglés. Al final del torneo me dijeron que había empatado con él luego de cinco vueltas y con eso clasificaba. El año siguiente (1993) puede haber sido el más bajo también. Fue todo muy rápido. Mentalmente no estaba preparado para jugar. Si uno no está preparado mentalmente para jugar, no se puede ir a meter a las grandes ligas, porque cambia mucho jugar en canchas de 6.600, 6.700 yardas a canchas de 7.000 yardas, donde había que usar mucho el drive. Yo nunca usé mucho el driver en mi vida. En Chile no se necesitaba jugar mucho con el driver. Yo tenía un fierro 1 Ping que le pegaba muy derecho y muy largo. Pasé de ser de los 10 mejores a los 10 peores. Fue un cambio muy grande, yo tenía 26 años y llegué mentalmente muy desenfocado. Fue como ir a tirarse a los leones sin ropa como lo hizo ese tipo en el zoológico. Mi mente no estaba preparada en ese entonces para soportar la presión de jugar un domingo ahí, con jugadores muy buenos. Me costó mucho y me retiré a mitad de año. Luego volví a Chile y en diciembre de ese año los palos se fueron a la bodega. Estuve 10 meses sin jugar. Después de eso, a pesar de que volví a jugar con éxito, nunca más hubo una proyección de volver a jugar un tour grande. A los 31 años decidí que no quería perderme la infancia de mis niños y fue una decisión muy fácil de tomar. Sentí que me saqué un peso de encima.

En 2011 fuiste operado del corazón. Cuéntanos en qué consistió esta operación.

Yo tenía una arritmia por una filtración a la válvula mitral, que de estar catalogada como leve, pasó a extrema. Me tocó jugar en el último grupo un día domingo junto a Gonzalo Orfila y Benjamín Alvarado. No estaba jugando bien y no quería jugar en el último grupo. En los segundos nueve hoyos sentí un cansancio extremo. Al día siguiente me costó mucho levantarme. Me tocaba jugar la clasificación del Dobles de Chile en el Polo y en el hoyo 2 me quería ir. Al otro día me tocaba un chequeo de rutina al corazón y el doctor me dijo que tenía una arritmia que lo tenía preocupadísimo y que debía ser operado a la brevedad. Esperé una semana más y me operé. Hasta el día de hoy, mi doctor me dice que fue una de las mejores cirugías que había hecho. Me dijeron que podía volver a jugar después de 90 días y yo pensé: puedo hacerlo en 60. Jugué en Concepción antes del Web.com, al cual fui invitado, pero el esfuerzo fue muy grande. Tardé unos cuatro meses en recuperarme de eso.

Fuiste de los primeros en Chile en incorporar el fitness al golf, ¿se debe el éxito de tu operación a tu preparación física?

Cuando llegué a la universidad en Estados Unidos tuve que convivir en los ‘dorms’ con muchos atletas. Estoy hablando de jugadores de fútbol americano que iban a jugar en la NFL y dos atletas olímpicos. Había mucho ambiente de deporte. La verdad es que empecé a prepararme físicamente para sentirme mejor, más seguro. Cuando llegué a Chile y salía a correr, yo sentía que la gente en la calle me miraba y decía ‘qué hace corriendo este tipo’, y hoy día todo el mundo corre.

Hoy te encuentras dedicado a producir eventos de golf. ¿Cuál es tu visión con respecto a las actividades que se desarrollan en torno este deporte?

Yo creo que claramente estamos sufriendo un poco. Yo tuve la suerte de estar en Chile donde se jugaban 18 abiertos con bolsas buenas, y no se daba en ningún otro país en Latinoamérica. Eso hoy en día está reducido a 10 o 12 torneos. Cuando Felipe Aguilar, Mark Tullo e incluso Benjamín (Alvarado) iniciaron sus carreras en Chile, para ellos el hecho de que hubieran esos 18 torneos fue muy importante para lo que lograron desarrollar, porque estaban compitiendo todo el tiempo. Hoy la actividad está un poco más reducida. Todavía los jugadores tienen la oportunidad de jugar seis torneos en el verano, pero creo que es muy importante que los abiertos sigan existiendo. También tienen que estar presente los profesionales, porque ponen la vara que marca qué tan bien hay que jugar. Es un carro que hay que seguir tirando, de lo contrario siempre nos vamos a quejar de que no tenemos buenos deportistas.

¿Qué te parece el nivel de jugadores actuales y cómo ves el futuro del golf competitivo en Chile?

Es difícil decirlo. No me gusta hablar mucho de mis colegas porque creo que se pueden malinterpretar mis palabras. Tenemos una gran cantidad de jugadores, tenemos jugadores jugando afuera, pero necesitamos más jugadores en circuitos importantes. Eso es lo que va a generar que más niños jueguen golf, que tengamos más jugadores en el PGA Tour, que es el tour con más exposición. Necesitamos a alguien en el PGA Tour de Estados Unidos y que se esté viendo en la tele. Esto va a explotar cuando tengamos a más jugadores en circuitos importantes. A pesar de su gran carrera, hoy sólo tenemos a Felipe (Aguilar) en ligas mayores.

¿Qué crees que es necesario hacer para que el golf en Chile continúe con su desarrollo?

Como dije antes, tenemos que tener más abiertos con profesionales nacionales y extranjeros para que los niños se motiven y conozcan el deporte. Creo que la gente no ve lo importante que tiene el golf. Creo que es un deporte que te enseña muchas cosas. Es un deporte en que tú eres tu propio juez. Te enseña autocontrol, disciplina, lealtad, transparencia, etc. En otros deportes, tú te levantas pensando en cómo voy a engañar al árbitro. Creo que al golf hay que verlo en el contexto de lo que crea en la persona, y eso creo que no se explota lo suficiente. A mí me encanta ver niños y niñas jugando al golf.

¿Cuál es tu status actual como golfista y cuál es tu relación con los fairways?

Estoy alejadísimo de las canchas y eso es algo que me tiene bastante sorprendido. Nunca pensé que podía vivir alejado de la cancha de golf. Juego no más de cuatro veces al año. Hoy tengo otras preocupaciones y no me puedo ausentar de la oficina por 5 horas y dejar de producir por ese período. No ha sido algo tan traumático. Sigo el golf como siempre en la tele y sigo vibrando igual que cuando era chico.

¿Qué opinas del retorno del golf a las Olimpíadas?

Yo siempre asocié los deportes olímpicos con el atletismo, la natación, levantamiento de pesas… con deportes que, entre comillas, durante mucho tiempo fueron deportes amateurs. A mí me suena raro. No es que no me sea cómodo, pero yo tengo otra visión de cuáles son los deportes olímpicos. Pero, si el incorporar el golf a las Olimpíadas va a generar que el deporte crezca, yo creo que es lo mejor que le puede pasar. Es un tema que hemos conversado mucho con Tomy Domínguez (socio en Mackenzie Golf). A pesar de lo anterior, me llamó mucho la atención las declaraciones que hizo Rory McIlroy. Creo que le hicieron mucho daño al deporte. Me llama la atención que una persona que está al nivel que él está, que se le paga lo que se le paga, diga que solo juega al golf para ganar. Él tiene que entender que, a esta altura de su vida, él representa mucho más que eso para el golf.